Cuando la aguja de temperatura sube o se enciende el testigo en el tablero, lo que hagas en los próximos minutos importa más que entender la causa exacta. Acá te explicamos, paso a paso, cómo actuar sin arriesgarte a una quemadura ni a agravar el daño en el motor.
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Qué hacer apenas notás que sube la temperatura
Lo primero es apagar el aire acondicionado, que le agrega carga térmica al motor, y prender la calefacción al máximo, aunque suene contraintuitivo: el calefactor usa el calor del motor para calentar el habitáculo, así que ayuda a disipar temperatura mientras buscás dónde parar. Bajá la velocidad si es seguro hacerlo y buscá un lugar apropiado para detenerte, lo antes posible.
Una vez detenido, apagá el motor. No lo dejes en marcha "para que no se caliente más": lo correcto es cortarlo y dejar que enfríe.
Por qué nunca hay que abrir el radiador en caliente
Este es el punto más importante y el que más accidentes domésticos genera: el sistema de refrigeración trabaja presurizado, así que el líquido puede estar muy por encima de su temperatura normal de ebullición sin hervir visiblemente. Si abrís la tapa del radiador o del tanque de expansión con el motor caliente o incluso tibio, esa presión se libera de golpe y puede proyectar líquido y vapor a altísima temperatura. El resultado son quemaduras serias, en la cara y las manos sobre todo.
La regla es simple: no toques la tapa del radiador ni del tanque de expansión hasta que el motor esté frío al tacto, no solo "ya no humea".
Cuánto esperar y cómo revisar cuando enfrió
Con el capot abierto, dale tiempo al motor. Recién cuando esté frío podés revisar el nivel de refrigerante en el tanque de expansión (que suele tener marcas de mínimo y máximo visibles desde afuera, sin necesidad de abrir nada) y mirar si hay pérdidas visibles: manchas debajo del auto, mangueras húmedas o hinchadas, o vapor que ya no sale.
Si el nivel está bajo y no ves fugas evidentes, podés completar con refrigerante (o agua como solución de emergencia) una vez frío, y llevar el auto a revisar. Si ves una pérdida activa, mejor no arrancar el motor y pedir asistencia.
Cuándo llamar a la grúa en vez de seguir manejando
Si después de parar y enfriar la temperatura vuelve a subir apenas arrancás, si la luz de alerta de temperatura sigue encendida, o si notás olor a líquido quemado, vapor abundante o pérdida importante, no seguir viaje es la decisión correcta. Un motor que se recalienta de forma repetida puede sufrir daños serios (deformación de la culata, por ejemplo) que cuestan mucho más que un remolque hasta el taller.
Consejo clave: guardá en el auto una botella de agua o refrigerante de reserva. No reemplaza el diagnóstico en el taller, pero te puede sacar de un apuro para llegar a un lugar seguro sin forzar el motor.
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